
El Virtual Human Interaction Lab de Stanford es uno de los centros pioneros en el uso de realidad virtual y aumentada aplicada a la educación y la psicología. En lugar de enfocarse en el entretenimiento, su trabajo explora cómo las experiencias inmersivas pueden cambiar la forma en que las personas aprenden, sienten y toman decisiones.

Dentro del laboratorio se diseñan simulaciones que permiten a los usuarios vivir situaciones desde otras perspectivas, como experimentar el impacto del cambio climático, ponerse en el lugar de otra persona o entrenar habilidades sociales en entornos controlados. Estas experiencias no solo buscan informar, sino generar comprensión a nivel emocional y cognitivo.
Más que un espacio tecnológico, el laboratorio funciona como un puente entre la investigación académica y las aplicaciones reales de la realidad virtual en educación, salud mental y formación profesional, marcando una de las líneas más influyentes en el uso de VR con fines educativos.